Recuerdo con perfecta perfección la tarde de ayer. Una tarde pasada por besos, abrazos, lágrimas y sonrisas. No fueron todo horas de sonrisas, pues las lágrimas brotaron de nosotros sin quererlo en algún momento, pero para mi, fue uno de esos días inolvidables junto a ti. Esos días perfectos que recuerdas cada mañana al despertarte. Verte tumbado en mi propia cama, intentando dormir una siesta, me hacía la persona más feliz del mundo. Puede que en algún momento llorase, pero no quería mostrar tristeza ni descontento, sino el amor que siento por ti. Son lágrimas que salen cuando te ven preocupado, lágrimas que significan que odio verte así, que eres lo más importante de mi mundo y si tu ríes yo río y si tu lloras yo lloro.
Hubo un momento en el que mencionaste que antes de que llegases tú, yo era más feliz. No quiero volver a oírte esa frase, no quiero que lo vuelvas a decir. Porque si no fuese por ti, ahora mismo mi vida no tendría sentido. Seguiría siendo una pequeña niña inmadura buscando el amor que nunca llamaba a mi puerta. Y...puede que ahora siga siendo una pequeña inmadura, pero junto a ti se que aprenderé a ser mejor persona, porque ya lo hago.
Tenía en mente escribir una entrada larga, que sólo tú entendieses, pero me doy cuenta que el sueño me vence, y que hay cosas que no son para publicar en un blog, sino para escribírtelas a ti personalmente, porque hay cosas que sólo tu y yo sabemos, y que se quedan entre nosotros. Así pues, dejo esta entrada a medias...espero tener ganas en otro momento de escribir y que no me venza el sueño.
Tenía en mente escribir una entrada larga, que sólo tú entendieses, pero me doy cuenta que el sueño me vence, y que hay cosas que no son para publicar en un blog, sino para escribírtelas a ti personalmente, porque hay cosas que sólo tu y yo sabemos, y que se quedan entre nosotros. Así pues, dejo esta entrada a medias...espero tener ganas en otro momento de escribir y que no me venza el sueño.
Te quiero, eme.
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