Las carreteras se arreglan, los barcos llegan a su destino y las aguas se calman. Alguna ola arremete contra nosotros de vez en cuando, pero no pretenderemos llegar a tierra sin una simple ola, sería aburrido. Me alegra poder sentir que todo va viento en popa, que los dos únicos tripulantes de este barco vuelven a sus puestos con el fin de llegar a su destino: la felicidad.
22 días son los que nos quedan para esa semana juntos, esa semana en la que los días y las noches serán nuestros, esa semana en la que nadie se interpondrá. ESA semana. Solo de pensarlo, muero de ganas. Cual barco a la.deriva durante meses, muero de ganas de pisar tierra, de poder bañarme en la playa de la isla y correr sin miedo a hundirme. Porque nos lo merecemos, o al menos yo. Porque seré muy mala persona, pero soy persona y me merezco la felicidad.
miércoles, 27 de febrero de 2013
Vuelta a la normalidad.
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